Hitos que marcan la evolución de Ootigo desde su fundación: primeros encargos, definición del método de trabajo y consolidación de un enfoque propio en dirección de arte y diseño de producto.
El estudio nace con dos proyectos de branding local: una vinoteca y una clínica dental. Ambos casos definieron la base del método: investigación breve, exploración tipográfica y entrega documentada.
Un encargo de rediseño de interfaz para una app de pagos permitió formalizar el primer sistema de componentes reutilizables. De ahí salió la guía interna que usamos hoy para auditar consistencia visual.
La campaña para una marca de ropa ecológica consolidó el área de dirección de arte. El trabajo incluyó concepto visual, selección de locaciones y supervisión de fotografía, con resultados medibles en engagement.
Decidimos documentar cada proyecto de principio a fin: contexto, decisiones, iteraciones y resultados. El primer caso publicado fue el de la tostadora de café, y marcó el estándar editorial del portafolio.
Sumamos sesiones de testeo con usuarios reales en proyectos de interfaz. Esto cambió la forma de presentar prototipos y permitió validar decisiones antes de pasar a desarrollo.
Revisamos nuestra identidad visual y la estructura del portafolio. El resultado es este sitio: una galería editorial que prioriza el contexto de cada proyecto sobre la acumulación de piezas sueltas.
Antes de comenzar, conviene dejar claros los límites de cada proyecto, qué incluye cada etapa y cómo se manejan los cambios sobre la marcha.
Cada proyecto parte con un brief escrito que fija entregables, formatos y número de revisiones. Si el alcance cambia a mitad de camino, se ajusta el plan y el presupuesto antes de continuar, no después.
Al cerrar el proyecto, el cliente recibe los archivos finales en los formatos acordados: fuentes, vectores, maquetas y documentación del sistema de diseño. Los archivos de trabajo intermedios se conservan por 30 días.
Las imágenes de referencia, moodboards y bocetos iniciales se usan solo para orientar la dirección visual. El material final se produce con recursos propios o licenciados, evitando conflictos de uso comercial.
Cada etapa incluye dos rondas de revisión con comentarios consolidados. Las observaciones deben llegar en un solo documento para mantener el ritmo; los cambios fuera de esas rondas se cotizan por separado.
Los tiempos se calculan con margen para imprevistos, pero dependen de la entrega oportuna de contenidos y aprobaciones por parte del cliente. Un retraso en una etapa corre el cronograma completo.
El contenido del proyecto, los procesos internos y los resultados se tratan de forma confidencial. Si el cliente lo solicita, se firma un acuerdo de no divulgación antes de compartir cualquier material.